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Carmina Puig

Ser consciente de mis mierdas ha sido doloroso

¿Alguna vez te has sentido incomprendida? ¿Te ha pasado de querer sentirte bien pero tener un dolor físico que no te permite gozar? ¿Has sentido desesperación por querer cambiar una situación pero no dar con la solución?

Quiero compartir contigo el testimonio de una mujer que hace años pasó por uno de los procesos personales profundos en mi consulta.

Siempre me dolía la cervical hasta quedarme en cama entre dos y cuatro días sin poder caminar bien. De apellido me podría haber llamado Miss Iboprufeno. Me sentía perdida, nada me llenaba, estaba en un sitio y quería estar en otro. Lo tenía todo y no era capaz de valorarlo. Para no sentir, me iba de compras compulsivas, parecía que me calmaba, pero luego volvía a sentirme vacía. Para colmo me enamoraba de todos los chicos guapos y acababan pasando de mi. Todo se repetía siempre con diferentes personas…

Me sentía desconectada de todo, lo único que me saciaba era estar por los demás, comprarme cosas para tapar mi dolor, y tener la agenda llena para no quedarme sola en casa. Me daba pánico la soledad.

He aprendido a estar presente, sola o acompañada y esto me aporta calma interna. He reconectado con mi ser. Sé discernir cuando estoy neurótica perdida y cuando estoy en el flow. Me pillo muchas veces con el automático puesto; con mi orgullito, con mi falsedad, con mi soberbia y ahora les doy un buen lugar, lo reconozco, y hago el tránsito de ese estado. Incluso puedo “desnudarme” emocionalmente hablando y siento que gano fuerza. Soy consciente, y sé cómo hacerlo diferente. He aprendido a cuidarme, a saber qué necesito. He aprendido a priorizar en mi. Me doy cuenta que mis emociones son reacciones y me paralizan. Ahora tengo recursos para separarme de ellas, y subirlo a la parte más presente y cuerda.

Ahora me siento plena, presente, capaz de avanzar e ir por donde necesito y quiero. Tengo pareja y dos hijos. Soy la capitana de mi negocio. Siento que este viaje ha valido las lágrimas, el esfuerzo, y también las risas.

No es fácil hacer esta travesía hacia el interior, a veces he querido dejarlo, puesto que ser consciente de mis mierdas era doloroso al principio. He luchado conmigo misma, y gracias a eso, he aprendido a quererme con mi todo. He comprendido que el mayor amor de mi vida son todas mis partes juntas y revueltas.

Sin lugar a dudas mi mentor de desarrollo personal, mi Capitán, como hace años le llamo, Josep Santaulària es el mejor acompañante hacia mi despertar que jamás haya podido tener. Estoy agradecida con la vida por tenerlo en mi corazón y más allá de él.

Eternamente: Gracias.

Carmina Puig.

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